Pero no. No estudié periodismo. Tuve la disciplina de concluir los
estudios de licenciatura en Filología Hispánica y luego también tengo
por ahí una colección de títulos más o menos inútiles en pericia
caligráfica, criminología y criminalística o perfilación criminal (los
domingos viendo la serie Colombo en mi niñez y el CSI de más mayorcito
me secaron el cerebro como a Don Quijote los libros de caballerías).
Y tampoco es que olvidara la Filología, porque me he atrevido a
publicar un libro en Espasa-Calpe sobre la etimología de los apellidos,
con dos amigos así, al alimón, e incluso a realizar talleres de
literatura creativa para niños en centros escolares y para adultos en el
Instituto de Ciencias de la Educación de la UA y en la Casa de Cultura
de L’Alfàs del Pi (Alicante).
Como puede verse, me intereso por temas muy dispares. Incluso otros que no he mencionado por no cansar al lector. La lista sería, más o menos ésta: la
filosofía, el cine, la literatura, la criminología, la
antropología cultural, la fotografía, la matemática recreativa, la psicología, la actualidad política… aprendiz de todo,
pues y, por tanto, maestro de nada.

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